El otro día, cuando
los vide llegar es que me cascó una que tuve que trascachame en
er panizo, por que no me vieran. Luego, ya cuando me
sosegué, pues hombre, ya hablé con elloh, como con cualquiera,
pero, en vez en cuando, me venían amagoh y tenía que hacer que
tosía, que no se tomaran cuenta. Eso, loh cazaoreh esoh de caza
mayor, qu'es que te mueres de de veloh vistioh de redículosh, con
unos guiscanilloh en la cabeza, con su plumilla en la cinta,
luego unoh y unah polainah con máh debillah que ande lah
inventaron, unah zamarrah de pastor, pero bien mal hechas y unos
zurrones y unah cananah con cartuchoh de sobra pa ir al Gurugú y
no terminaloh con toa la morisma que hay allí...
Luego llevaban unoh escopetoh, una cosa mala, con unos antiojoh
de largavista que eso se veía toa Sevilla, y ya que me loh
dejaron miro por el canuto y, mira por donde, estaba la Petra de
Usebio patalaire en el río, y yo venga a mirar y dicía:
- Ende
luego, hay que ver lo que inventan y, dice osté, esto tié que
valer un pico...
Y
ellos inflaban el buche y me dicían:
-
¡Figúrese...! Pero, nada, usté mire lo que quiera...
- No, si
ya miro...
Y
le acascaba a la Petra unah visualeh que no le ardían la sayah
por lo retirao. Y yo estah cosah no es que guste hacelah, porque
ya no tengo tiempo pa eso, pero me paecen juguescah de cuando yo
era muchacho y me dan muchísima risa drento, si, siñor...
Luego ya que vide con el antiojo una miaja máh, se lo di a loh
tíoh y lo ensamblaron otra vez en loh escopetoh que traiban y ya
leh digo:
- Oigan
osteh... ¿Y esto, pa tirale a los venaoh, un suponer?
- Pues,
míe ustez, buen hombre, mira por el visión y cuando está el
orjetivo en medio aprieta y lissto...
- ¡Buenah
nocheh noh dé Dios! -dije yo pa mí- poh pa ese viaje no se
necesitan alforjah: que loh maten ende la ventana de su casa...
Luego siguimos allí un buen rato de casquera, otro día mer
recordará.